Hace poco experimenté uno de esos períodos de desmotivación, creo que a todos nos sucede de vez en cuando; sobre todo cuando los proyectos en los cuales nos embarcamos requieren de mucho tiempo y dedicación y los resultados solo se pueden apreciar a largo plazo. Hay ciertos días en los cuales nos parece que la cuesta es más empinada y nos resulta particularmente difícil vislumbrar la meta. Entonces el pesimismo abre sus alas sobre nosotros y aparece la desmotivación. Resultado: nuestra productividad cae de manera espantosa y nuestro estado de ánimo se adorna de tonos grises.
¿Qué hacer?
1. Retoma el sentido de tu tarea. En muchas ocasiones nos desmotivamos porque a golpe de hábito y cotidianidad olvidamos el sentido por el cual emprendemos determinada actividad. Por ejemplo, para graduarse como psicólogo no todo es análisis de los sueños, descubrir el por qué de los actos fallidos, aprender grafología o recrear técnicas de marketing (me refiero a estos contenidos porque normalmente son los más interesantes para los estudiantes) también hay que pasar por temas verdaderamente aburridos como la evolución de la psiquis o la estadística. Lo mismo sucede en todos los proyectos que emprendemos, habrán algunas tareas que nos resulten más llamativas que otras pero todas son igualmente imprescindibles.
Además, es importante que desechemos la actitud de víctimas del destino caracterizada en las frases: “es lo que me toca”, “me han mandado a hacerlo”. Si estamos haciendo algo aquí y ahora, normalmente esa tarea se corresponde con una meta mayor, recordemos entonces cuál es nuestro objetivo, retomemos el sentido de la tarea como un todo. Eso nos ayudará a mantenernos focalizados y de seguro nos reportará un poco de la motivación perdida.
2. Céntrate en los detalles positivos. La desmotivación muchas veces aparece porque el resultado final lo vemos con demasiada lejanía. ¡Me falta tanto…! Sí, es muy probable que nos falte mucho camino por recorrer antes de llegar a nuestra meta pero en estos momentos es necesario centrarse en los pequeños detalles que nos brindan satisfacción. En el camino que hemos emprendido, ¿cuántas pequeñísimas victorias hemos logrado? Recordemos entonces que la montaña más grande está compuesta por partículas muy pequeñas. Son excepcionales los casos de personas que llegan al éxito de manera directa, normalmente es una escalada donde debemos aprender a valorar las pequeñas victorias cotidianas.
3. Ubícate en el presente. Cuando estamos desmotivados solemos mirar al futuro o al pasado. Nos imaginamos a nosotros mismos de otra forma mucho más positiva, generalmente realizando otra tarea que en ese momento se nos antoja mucho más motivante. Simplemente no podemos saltar de proyecto en proyecto porque la inconsistencia o la falta de perseverancia asertiva es el enemigo número uno del éxito.
Ubicarseen el aquí y ahora es aceptar la tarea que debemos emprender sin dilaciones y enfrentarla con responsabilidad.
4. Varía tu rutina. Analiza qué podrías cambiar en aras de sentirte mejor, si trabajas por tu cuenta podrías cambiar tu entorno de trabajo, hacerlo amparada en la tranquilidad del mar a mi me resulta un desbloqueador cuasi inmediato. En otras ocasiones basta con variar mínimamente el puesto de trabajo y nos sentiremos más a gusto.
Valora vías diferentes para obtener los mismos resultados, aunque este cambio nos lleve un poco más de tiempo probablemente sea una buena inversión y se puede convertir en una excelente oportunidad para darle un giro a nuestros hábitos añadiéndole un toque de novedad a lo cotidiano.
Es importante tener en cuenta que un hábito o una rutina deben ser una herramienta para aumentar nuestra productividad y no una camisa de fuerza que nos conduzca a la desmotivación y que lacere nuestra creatividad.
Si aún así no logras recuperar la motivación para enfrentar tus proyectos, entonces:
5. Bríndate un tiempo. No te auto tortures con frases del tipo: “No funcionará”, “No puedo más”, “No estoy hecho para esto”. Todos tenemos períodos de dudas y desmotivación; precisamente esos días malos resaltan la productividad de los días buenos.
Si definitivamente no logras reencontrar el camino, es hora de apartarse por un tiempo del proyecto. No hay nada peor que machacarse en una tarea cuando no encontramos la fuerza creativa para enfrentarla.
Y ustedes, ¿cómo enfrentan la desmotivación?
Por
Jennifer Delgado Suárez