“De un tiempo a esta parte, y cada vez con más frecuencia, están llegando a las consultas de psiquiatras y psicólogos, y también a las urgencias de los hospitales, casos de personas, en su mayoría jóvenes, que sufren de una especie de caos personal, que a veces les lleva a poner en peligro su vida.
Estas personas se sienten consigo mismas en un casi permanente estado de confusión, como si no tuvieran una identidad propia suficientemente constituida que les sujete en la vida.
Tienen verdaderas dificultades para regular sus necesidades desde sí mismos, por lo cual se encuentran a merced de sus propios impulsos, a los que no saben poner límites. Viven en una permanente inestabilidad emocional, como en una especie de “montaña rusa”, de la cual, y esto es lo grave del problema, pueden salir despedidos en cualquier momento.
Intentan combatir su angustia y el miedo que la conciencia de esta situación les produce, aferrándose en una relación “quasi-simbólica” con cualquier persona, grupo, sectas y también con la droga, el sexo, el juego, etc., y siempre de una forma compulsiva.
Son extremadamente sensibles y lábiles, por lo que sus relaciones interpersonales y sus afectos pueden variar de un extremo al otro, incluso varias veces al día, con la consiguiente sensación de inestabilidad y confusión que produce en ellos mismos y en los que le rodean.
Viven pues constantemente en los extremos, pasando de la euforia a la depresión, de la ingenua credulidad a la desconfianza paranoide, del amor al odio, y todo porque su estructura mental no les permite integrar, psicológicamente hablando, los matices, las gradaciones ni las ambivalencias. Es un Todo o Nada.
En momentos de excesiva presión y tensión emocional pueden llegar a descomponerse en la forma de un brote psicótico, que puede ser algo puntual, o el inicio de una descompensación psicótica.
Esta dinámica personal les lleva a cometer, a veces, actos de graves consecuencias. Pueden llegar a robar y a delinquir, pero muchas veces no es más que un torpe intento de sentirse formando parte de un grupo o de una cultura determinada. De nuevo en una desesperada búsqueda de la “identidad perdida”.
Algunos sufren de anorexia o de bulimia, organizando su vida alrededor del alimento y utilizándolo como un vehículo de expresión de su propia conflictiva interna y relacional, debido a las dificultades que tienen para tomar conciencia y verbalizar sus necesidades, deseos y temores. Pueden utilizar la comida para “tapar” o “llenar” un sentimiento de falta, de vacío (bulimia), como para expresar su más profundo malestar y rechazo hacia algo o alguien (anorexia).
Los que se “enganchan” a las drogas van a parar a centros de toxicómanos, pero “en voz baja” le confiesan al teraputa que toman la droga para intentar evadirse de su angustia y de su caos personal. Sin embargo, su inestabilidad e incontinencia, suele provocar que acaben siendo expulsados de los tratamientos por repetidas transgresiones de la norma, aumentando esto su sensación de fracaso y de culpa, y generando, por tanto, nuevos y mayores impulsos autodestructivos. Es un círculo vicioso que los tiene atrapados. Esta dinámica psicológica está estrechamente vinculada con un fondo depresivo, el cual se refuerza a medida que la enfermedad evoluciona, lo que hace que muchos de estos enfermos tengan a menudo ideas de suicidio, las cuales llegan a ponerse en acto en un número determinado de casos, aunque sea de forma “accidental” (accidentes de circulación, sobredosis de drogas, contagio de enfermedades víricas, etc.).
Los familiares de estas personas se sienten impotentes y confusos. No entienden qué ocurre, qué están haciendo mal, o qué podrían cambiar con tal de mejorar la situación. Acuden a especialistas en busca de consejo y orientación, pero a menudo la propia urgencia y angustia del problema, así como la ausencia de centros específicos para abordar esta enfermedad en su globalidad, hace que se haga difícil encauzar el caso bajo una dirección terapéutica determinada.
Estos son algunos de los aspectos que caracterizan a estas personas, que al haber sido observados como comunes a una población de enfermos, se han constituido en un síndrome específico que recibe desde la psiquiatría (D.S.M.), el nombre de Trastorno Límite de la Personalidad, y como todo síndrome está sujeto a las diferencias individuales”.
Características generales Trastorno límite de Personalidad.
Inestabilidad en el estado de ánimo, la identidad, la autoimagen y la conducta interpersonal. Algunos los denominan “niños grandes” que no quieren crecer. En general este tipo de pacientes responde a los siguientes esquemas cognitivos:
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Son muy inseguros de si mismos. Tienen una mala autoimagen.
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Tienden a abandonarse en exceso.
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Nada puede compensarles su gran vacío interior. Manifiestan casi obsesivamente deseos por una gran variedad de objetos. Una vez conseguidos ya están buscando otro nuevo objetivo a lograr.
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Son muy dependientes de las personas con las que conviven.
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La posibilidad de sufrir un abandono real o imaginario de las personas de las que dependen, o de enfrentarse a responsabilidades importantes, les puede crear situaciones de extrema tensión y violencia.
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Están en un casi constante estado de ansiedad.
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Dificultad para el estudio y la concentración.
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En ocasiones su cólera domina su conducta.
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Descontrol en la alimentación. Anorexia y/o Bulimia.
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Abuso del alcohol, drogas, etc.
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No pueden controlar sus sentimientos y emociones. Pasan de estados eufóricos a depresivos en cuestión de minutos .
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No suelen cumplir sus compromisos. Abandonan terapias, estudios, trabajos, etc.
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Son terriblemente receptivos y tienen una gran capacidad para la manipulación. En general culpan de todos sus problemas a las personas con las que conviven.
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Degradan o ensalzan a las personas muy rápidamente.
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Algunas veces sufren crisis de pánico.
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Algunos tienen una gran dificultad para retener los mensajes verbales o escritos que acaban de recibir. “Parece que no nos escuchan”….
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En muchos casos estos enfermos han tenido muchos problemas en su niñez. Hiperactividad, agresividad, etc. Su educación y relación social y familiar ha sido muy problemática. No han podido recibir un diagnóstico claro, hasta que coincidiendo con un cambio hormonal el síndrome TLP se ha manifestado en toda su magnitud.
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En muchos casos hay antecedentes familiares por parte de alguno o ambos padres, con problemas mentales, drogas o alcoholismo.
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Ante situaciones extremas a veces buscan el suicidio. El 10% de los que lo intentan, lo consiguen.
Todo ello origina un gran desconcierto al comprobar que los métodos educativos normales no funcionan. Nuestros esfuerzos por explicarles su situación o la realidad en que viven, parece no ser escuchado.
La convivencia con estos enfermos es una constante lucha de poderes para intentar llevarles por el camino de la normalidad. Es muy difícil conseguirlo y el fracaso familiar se manifiesta de muchas formas. (Separaciones, depresiones, etc). Realmente la vida cambia para toda la familia.
(Información proporcionada por ACAI-TPL)
Definición
Un trastorno de personalidad en general se caracteriza por ser un patrón permanente e inflexible de experiencia interna y de comportamiento que se aparta acusadamente de las expectativas de la cultura del sujeto.
Tiene su inicio en la adolescencia o principio de la edad adulta. Es estable a lo largo del tiempo y comporta malestar y perjuicios para el sujeto
Dentro del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, conocido internacionalmente como DSM-IV, está recogido y categorizado el TLP con el código ( 301.83 ), en el eje II. Este manual describe nueve criterios básicos para su diagnóstico, de los cuales se han de cumplir al menos cinco para que pueda emitirse el diagnóstico.
Prevalencia
Se estima que la prevalencia del trastorno límite de la personalidad es de alrededor del 2% de la población general, aproximadamente del 10% entre los sujetos vistos en los centros ambulatorios de salud mental y en torno al 20% entre los pacientes psiquiátricos ingresados.
Curso
Hay una considerable variedad en el curso de los trastornos límite de personalidad. El patrón más habitual es una inestabilidad crónica en el principio de la edad adulta, con episodios de grave descontrol afectivo e impulsivo y altos niveles de utilización de de los recursos de salud mental y general. El deterioro causado por el trastorno y el riesgo de suicidio son mayores en los primeros años de la edad adulta y van desapareciendo gradualmente con la edad. Durante la cuarta y quinta décadas de la vida, la mayoría de los sujetos con este trastorno logran una mayor estabilidad en sus relaciones y su actividad profesional.
Criterios para el diagnóstico del Trastorno límite de personalidad según el DSM-IV.
Un patrón general de inestabilidad en las relaciones interpersonales, la autoimagen y la efectividad, y una notable impulsividad, que comienzan al principio de la edad adulta y se dan en diversos contextos, como lo indican cinco (o más) de los siguientes criterios la explicación de los mismos está sacada del propio DSM-IV.
Esfuerzos frenéticos para evitar un abandono real o imaginado. Nota. No incluir los comportamientos suicidas o de automutilación que se recogen en el Criterio 5. La percepción de una inminente separación o rechazo, o la pérdida de la estructura externa, pueden ocasionar cambios profundos en la autoimagen, afectividad, cognición y comportamiento. Estos sujetos son muy sensibles a las circunstancias ambientales. Experimentan intensos temores a ser abandonados y una ira inapropiada incluso ante una separación que en realidad es por tiempo limitado o cuando se producen cambios inevitables en los planes (p. ej., reacción de desesperación brusca cuando el clínico les anuncia el final de su tiempo de visita, angustia o enfurecimiento cuando alguien importante para ellos se retrasa aunque solo sea unos minutos o cuando tiene que cancelar su cita). Pueden creer que este <<abandono>> implica el ser <<malos>>. Estos temores a ser abandonados están relacionados con la intolerancia a estar solos y a la necesidad de estar acompañados de otras personas. Sus frenéticos esfuerzos para evitar el abandono pueden incluir actos impulsivos como los comportamientos de automutilación o suicidas, que se describen separadamente en el Criterio 5.
Un patrón de relaciones interpersonales inestables e intensas caracterizado por los extremos de idealización y devaluación. Pueden idealizar a quienes se ocupan de ellos o a sus amantes las primeras veces que se tratan, pedirles que estén mucho tiempo a su lado y compartir muy pronto los detalles más íntimos. Sin embargo cambian rápidamente de idealizar a los demás a devaluarlos, pensando que no les prestan suficiente atención, no les dan demasiado o no <<están>> lo suficiente. Estos sujetos pueden empatizar y ofrecer algo a los demás, pero solo con la expectativa de que la otra persona <<esté allí>> para corresponderles satisfaciendo sus propias necesidades o demandas. Son propensos asimismo a los cambios dramáticos en su opinión sobre los demás, que pueden ser vistos alternativamente como apoyos beneficiosos o cruelmente punitivos. Tales cambios suelen reflejar la desilusión con alguna de las personas que se ocupa de ellos y cuyas cualidades positivas han sido idealizadas o de quien se espera el rechazo o abandono.
Alteración de la identidad: autoimagen o sentido de sí mismo acusada y persistentemente inestable. Se presentan cambios bruscos y dramáticos de la autoimagen, caracterizados por cambios de objetivos, valores y aspiraciones profesionales. Pueden producirse cambios bruscos de las opiniones y los planes sobre el futuro de los estudios, la identidad sexual, la escala de valores y el tipo de amistades. Estos sujetos pueden cambiar bruscamente desde el papel de suplicar la necesidad de ayuda hasta el de vengador justiciero de una afrenta ya pasada. Si bien lo habitual es que su autoimagen esté basada en ser perverso o desgraciado, a veces los individuos con este trastorno tienen también el sentimiento de que no existen en absoluto. Estas experiencias suelen ocurrir en situaciones en las que el sujeto percibe una falta de relaciones significativas, de ayuda y de apoyo. Estos sujetos pueden presentar un mal rendimiento laboral o escolar.
Impulsividad en al menos dos áreas, que es potencialmente dañina para sí mismo (p. ej.,gastos, sexo, abuso de sustancias, conducción temeraria, atracones de comida). Nota: No incluir los comportamientos suicidas o de automutilación que se recogen en el Criterio 5.
Comportamientos, intentos o amenazas suicidas recurrentes, o comportamiento de automutilación. El suicidio consumado se observa en un 8-10% de estos sujetos y los actos de automutilación (cortarse o quemarse) y las amenazas e intentos suicidas son muy frecuentes. El intento de suicidio recurrente es con frecuencia uno de los motivos por los que estos sujetos acuden a tratamiento. Estos actos autodestructivos suelen estar precipitados por los temores a la separación o al rechazo, o por la expectativa de tener que asumir una mayor responsabilidad. La automutilación puede ocurrir durante experiencias disociativas y a menudo les proporciona un alivio por el hecho de reafirmarles en su capacidad para sentir o servirles de expiación de su sentimiento de maldad.
Inestabilidad afectiva debida a una notable reactividad del estado de ánimo (p. ej., episodios de intensa disforia, irritabilidad o ansiedad, que suelen durar unas horas y rara vez unos días). El estado de ánimo básico de tipo disfórico de los sujetos con un trastorno límite de la personalidad suele ser interrumpido por períodos de ira, angustia o desesperación y son raras las ocasiones en las que un estado de bienestar o satisfacción llega a tomar el relevo. Estos episodios pueden reflejar la extremada reactividad de estos individuos al stress interpersonal.
Sentimientos crónicos de vacío. Los sujetos con trastorno límite de la personalidad pueden estar atormentados por sentimientos crónicos de vacío. Se aburren con facilidad y están buscando siempre algo que hacer.
Ira inapropiada e intensa o dificultades para controlar la ira (p. ej., muestras frecuentes de mal genio, enfado constante, peleas físicas recurrentes). Es frecuente que los sujetos con trastorno límite de la personalidad expresen ira inapropiada e intensa o que tengan problemas para controlar la ira. Pueden mostrar sarcasmo extremo amargura persistente o explosiones verbales. Frecuentemente, la ira es desencadenada cuando consideran a una de las personas que se ocupa de ellos o a un amante negligente, represor despreocupado o que le abandona. Estas expresiones de ira suelen ir seguidas de pena y culpabilidad y contribuyen al sentimiento que tienen de ser malos.
Ideación paranoide transitoria relacionada con el estrés o síntomas disociativos graves. Durante períodos de estrés extremo se pueden presentar ideación paranoide transitoria o síntomas disociativos (p. ej., despersonalización), pero generalmente éstos son de duración e intensidad insuficientes para merecer un diagnóstico adicional. Lo más habitual es que estos episodios ocurran como respuesta a un abandono real o imaginado. Los síntomas tienden a ser pasajeros y duran entre minutos y horas. Con la vuelta real o percibida de la ayuda de la persona que se ocupa de ellos puede producirse la remisión de los síntomas.
Es Importante tener en cuenta que estos criterios no son por sí mismos un instrumento diagnóstico y que el cumplimiento o no de los criterios no sirve por sí solo para determinar si alguien padece o no el trastorno. El diagnóstico es un proceso complejo y debe ser siempre realizado por un profesional de la materia.
Características adicionales
Aparte de estos criterios básicos se dan otra serie de características que suelen ser más variables según los individuos pero que pueden ser útiles a la hora de completar el diagnóstico. Algunas de estos rasgos comunes en los borderline, propuestos por numerosos autores especializados en el Trastorno son:
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Tienen dificultades para establecer límites personales definidos, tanto para sí mismos como para con los demás.
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Tienen una vivencia paradójica del control: Por una parte pueden necesitar sentirse controlados por otros, al carecer ellos mismos de control o para intentar hacer su propia realidad más predecible y manejable; incluso pueden elegir un estilo de vida en el que estén sometidos a una autoridad ( el militar, cultos, sectas etc…) o unirse a personas abusivas que ejercen un control sobre ellos a través del miedo. Por otra parte pueden tener la necesidad de controlar ellos a otros o acusarlos de querer ejercer un control sobre ellos.
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Tienen una sensibilidad interpersonal especial: algunos poseen una habilidad asombrosa para “leer” en la gente y descubrir sus puntos débiles.
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Poseen una cierta competencia y control en algunas ocasiones: Por ejemplo algunos rinden muy bien en el trabajo o son superinteligentes, creativos y artísticos. Esto suele crear confusión en las personas que los rodean porque les cuesta entender que la misma persona pueda actuar de forma negativa en otras ocasiones.
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Exigencias narcisistas: Algunos derivan el foco de atención sobre sí mismos y pueden reaccionar a la mayoría de las cosas basándose sólo en cómo les afecte a ellos.
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Pueden experimentar miedo y mayor inseguridad en sí mismos cuando están precisamente a punto de conseguir algo lo cual les lleva a retroceder ( p.ej., dejar los estudios justo antes de graduarse, presentar una regresión cuando se habla de no progresos en la terapia, destruir una buena relación cuando parece que funciona).
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Son frecuentes las pérdidas repetidas de trabajo, interrupciones de estudios o rupturas de relaciones.
La autora Marsha Linehan en su libro : Cognitive- Behavioral Treament of Borderline Personality Disorder (1993), destaca entre otros los siguientes rasgos:
Vulnerabilidad emocional: Pueden experimentar una activación emocional extra elevada, siendo muy sensibles a los estímulos emocionales negativos. Les cuesta mucho más tiempo bajar al nivel base de activación con la consiguiente dificultad para controlarse e impulsividad
Autoinvalidación: Tendencia a invalidar sus propias emociones, pensamientos, creencias y conductas; estableciendo a veces expectativas demasiado elevadas y poco realistas para consigo mismos. Esto puede dar lugar a un intenso sentimiento de vergüenza, odio e ira dirigida a sí mismos.
Aflicción inhibida: Tendencia a inhibir respuestas emocionales negativas, especialmente aquellas asociadas con dolor y pérdidas, incluyendo tristeza, ira, culpabilidad, vergüenza, ansiedad o pánico.
Aparente competencia: Tendencia a parecer más competente de lo que en esos momentos se es. A veces ocultan bajo una especie de máscara su verdadero estado.
Diagnóstico Diferencial
Es muy frecuente que el diagnóstico borderline no aparezca solo, sino ligado a uno o más trastornos del eje I :
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Trastornos del estado de ánimo
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Trastorno por estrés posttraumático
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Trastornos de pánico y ansiedad
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Abuso de sustancias
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Trastornos de la alimentación
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Trastorno obsesivo-Compulsivo
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Trastorno por déficit de atención
O a otros trastornos de personalidad ( esquizotípico, histriónico, dependiente…). En algunos casos se deberán diagnosticar los dos trastornos si se cumplen los criterios necesarios pero en otros casos se deberá hacer un buen diagnóstico diferencial con respecto a los trastornos más parecidos porque esto tendrá efectos a la hora de aplicar el tratamiento adecuado, tanto psicoterapéutico como farmacológico. Hay que tener en cuenta que muchos de los síntomas propios de este Trastorno se solapan con los de los Trastornos arriba citados pero adquieren características diferentes cuando están encuadrados dentro del Trastorno base de personalidad. P.ej;. un borderline que además es adicto a las drogas presenta otras características que un drogadicto; así como un depresivo se diferencia de un borderline que presenta sintomatología depresiva. En ambos casos se requerirá un tratamiento diferenciado, incluso a nivel de medicación.
Instrumentos diagnósticos
IPDE (International Personality Disorder Examination)
Creado en 1997 por Armand W. Loranger. IPDE es un nuevo instrumento diagnóstico, basado en una entrevista clínica semiestructurada, que además es compatible con los criterios de valoración ICD – 10 y DSM – IV. Sus resultados permiten además medir otras categorías mayores de desórdenes de personalidad que hasta ahora se habían omitido. Ofreciendo un diagnóstico fiable uniforme que además pueda ser internacionalmente aceptado.
Existe una versión española a cargo de Lopez-Ibor, Pérez Urdaniz y Rubio Larrosa, habiéndose desarrollado en esta versión un programa informático para su corrección. Se puede encontrar en:
Editorial Meditor S.L.
C/Rafael Salgado 7, 1º Dcha
Tels (34) 91 457 87 25/46 77 / 02 88
Fax (34) 91 457 95 42
Email: alzheuro@lander.es
Web: http://www.solitel.es/meditor/
28036 – Madrid (Spain)
La versión inglesa original, se puede encontrar en:
Referencia :
“Assessment and Diagnosis of Personality Disorders:The ICD-10 International Personality Disorder Examination (IPDE)”
de Armand. W.Loranger, A. Janca, and N. Sartorius
Disponible en :
Cambridge University Press
Sucursal en España – Iberian Branch
Ruiz de Alarcón, 13
28014 Madrid
Tel: +34913604565
Fax: +34913604570
e-mail: openbox@cup.es
TRATAMIENTO
Un tratamiento adecuado del trastorno límite de la personalidad, necesita ser multidisciplinar. Hace falta recurrir a psiquiatras, psicoterapeutas, enseñanza especializada, centros de día o urgencias psiquiátricas, y ayuda a la familia. El tratamiento debería aplicarse en toda su intensidad, y de forma continuada, cuando el paciente tenga entre los 12 y los 35 años. Precisamente en el período en el que una persona desarrolla su carácter y decide su orientación profesional. Estas personas, al no haber desarrado los suficiente recursos propios para hacer frente a nuevas dificultades y situaciones y en muchas ocasiones no ser conscientes de ello, necesitan toda la ayuda que se les pueda dar; Pero sin hacer las cosas por ellos, tratando de no alimentar su extrema dependencia e intentando que aprendan a hacer las cosas por sí mismos. Afortunadamente, la enfermedad suele mejorar conforme el paciente va madurando.
En general, el tratamiento podría contemplar los apartados siguientes:
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Tratamiento Psicoterapeútico
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Tratamiento Farmacológico
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Intervenciones de Crisis
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Duración y efectividad de las Terapias
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Elección del Terapeuta adecuado
Tratamiento Psicoterapéutico
Terapia Icónica para la estabilización emocional, (Ico-Estemo). Terapia Icónica para la estabilización emocional (Ico-Estemo). Basada en iconos que facilitan, gracias a las imágenes y la memoria visual, que los conceptos trabajados sean mejor comprendidos y evocados para su aplicación. Actualmente se está investigando su eficacia, pero los primeros resultados clínicos apuntan hacia una mejora cualitativa en los casos TLP. Si desea conocer más sobre esta psicoterapia pulse aquí.
La Psicoterapia Psicoanalitica, utilizada habitualmente en el tratamiento de pacientes borderline. Basada en la identificación y activación de esquemas corporales. Terapeuta y paciente discuten modificando dichos esquemas utilizando para ello estructuras cognitivas, técnicas comportamentales y basadas en la experiencia.
A principios de los noventa la autora norteamericana Marsha Linehan desarrolló la llamada, Terapia Dialectica Conductual , dentro del tipo cognitivo-conductual, basada en el principio de que un trastorno límite de personalidad es esencialmente el resultado de una vulnerabilidad emocional con posible base biológica , deficiencias en el medio ambiente y deficiencias en las habilidades interpersonales, el autocontrol y la identidad. Estas últimas pueden ser reaprendidas dentro de una terapia. Esta consiste en sesiones terapéuticas semanales individuales, sesiones complementarias de grupo, basadas en un modelo de aprendizaje de estas habilidades. Todo ello conjuntamente con un contacto telefónico fuera de horas con el paciente.
La Terapia Cognitiva, parte de la base de que las convicciones y esquemas mentales disfuncionales que tienen los Borderline son determinantes e influyen en el resto de la sintomatología; por lo tanto se pretenderá con la terapia cambiar estos esquemas utilizando las técnicas de modificación cognitiva. Beck y col. proponen seis pasos:
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Fomentar una relación de confianza con el paciente.
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Reducir el pensamiento “en blanco y negro” o dicotómico.
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Fomentar un control emocional.
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Mejorar el control de La impulsividad.
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Aumento del sentido de Identidad
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Tematización de los esquemas mentales de base.
El tratamiento es muy necesario. Lo habitual es que los primeros resultados sean obtenidos a largo plazo. Afortunadamente nuevos avances se vienen produciendo.
Tratamiento Farmacológico
Lo primero que hay que tener en cuenta es que el uso de medicación en estos pacientes ha de ir siempre acompañado de una psicoterapia. La medicación como único tratamiento no es recomendable.
El uso paralelo de medicación puede estar especialmente indicado: en momentos de crisis en los que aparezcan síntomas acusados y difíciles de controlar por otros medios: pánico, ansiedad, impulsividad, agresividad, suicidalidad, o síntomas psicóticos. También en casos más graves para lograr unas condiciones mínimas que faciliten al paciente aprovechar de las otras terapias.
Cuando se tome medicación, tanto el paciente como sus padres, en caso de que sea menor de edad, deberán tener conocimiento de:
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El nombre correcto, tanto comercial como genérico de la sustancia y su escritura correcta.
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El rango de dosificación de la medicación en concreto: desde inefectivo a tóxico y cuanto tiempo se ha de administrar.
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Cuánto tiempo ha de pasar hasta observar los primeros resultados.
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Todos los posibles efectos secundarios y posibles interacciones con otras substancias.
Cómo actuar en las Crisis
Son un infierno para el paciente y la familia. Suelen ser de gran intensidad y de corta duración, (a lo sumo 24 horas). Deben atajarse con la dosificación de tranquilizantes, estipulada para estos casos por el médico. Si la situación es lo suficientemente grave, el enfermo se niega a tomar los tranquilizantes, la violencia es incontrolada, etc., la experiencia dicta su ingreso hospitalario a través del servicio de urgencias.
Para ello, solicitar siempre dicho ingreso a través del médico de cabecera ayudado por la fuerza pública si el enfermo se resiste violentamente. En el caso de que fuera mayor de edad, (18 años), y no quisiera firmar voluntariamente el ingreso en urgencias, se puede recurrir al ingreso involuntario en el cual participa un juez. (En muchos casos solo a título informativo). Al finalizar el ingreso debe entregarse a los familiares los informes médicos, las pruebas realizadas y la medicación que debe seguir el enfermo.
Normalmente los psiquiatras que atienden al paciente TLP en la unidad de agudos, son los encargados de dar su alta médica. Incluso durante los ingresos involuntarios el juez acata los criterios del médico. Es muy importante solicitar durante el ingreso que el paciente sea atendido por medicos que conozcan el problema TLP. En caso contrario puede darse el caso que el enfermo esté en la calle sin haber recibido el tratamiento adecuado a su crisis.
Las intervenciones de crisis forman parte habitual del proceso terapeútico y no deben verse necesariamente como un retroceso en los avances obtenidos. Sobre todo no conviene adoptar ante ellas una actitud catastrofista y de derrumbamiento sino intentar mantenerse lo más neutral y sereno posible.
Duración y efectividad de las terapias
La duración y efectividad de una terapia, sea del tipo que sea, puede variar mucho según la gravedad del caso y toda una serie de circunstancias externas.
De forma orientativa se puede decir que en casos estándar y siempre y cuando se den un mínimo de condiciones para realizar las terapias de forma adecuada la duración media puede ser de: Entre cuatro y seis años para una terapia psicoanalítica, Entre un año y medio y dos años y medio para una terapia cognitiva y entre uno y dos años para la terapia dialéctica-conductual ( todas ellas con un mínimo de una sesión semanal)
En cuanto a la efectividad hay pocos estudios contrastados hasta ahora. Una de las pocas terapias con la que se han realizado estudios comparativos para determinar su efectividad y existen datos empíricos es la terapia cognitiva conductual de Marsha Linehan
En definitiva la efectividad de los tratamiento depende también de las expectativas que se tengan y del concepto de curación o recuperación que se maneje. No hay curas milagrosas ni a corto plazo. Tampoco hay curas cómodas. Qualquiera de las terapias descritas exigirá un enorme esfuerzo por parte de paciente y terapeuta y puede estar llena de altibajos, pero no hay que por ello pensar que no sirve para nada.
Si con un tratamiento se alcanzan mayores periodos de estabilidad a largo plazo, disminución de la sintomatología y conductas más perjudiciales para la salud de la persona y una calidad de vida aceptable se habrá logrado mucho.
Elección del Psicoterapeuta adecuado
A la hora de elegir terapeuta es importante informarse de sus conocimientos del trastorno y de su experiencia con este tipo de pacientes. Se le pueden formular algunas preguntas que nos orienten al respecto. El libro de autoayuda para personas que tienen a su cargo un borderline: Stop walking on Eggshells de T. Mason 1998 (p238-239) propone las siguientes:
¿Trata habitualmente personas con este trastorno ?
¿Cómo definiría el T.L.P?
¿Cúales cree que son las causas?
¿Cúal es su plan de tratamiento?
¿ En qué medida cree que pueden mejorarse los Borderline?
¿Qué piensa del uso de medicación en estos casos y de los últimos avances al respecto?
Revisa y valora cada respuesta y contrastalas con otras informaciones que tengas. Consulta a otros especialista y sobre todo intenta informarte lo más ampliamente posible de los nuevos estudios sobre el trastorno. La mayoría de la bibliografía actual sobre el tema está en inglés.